DESDE MI CORAZON

Fragmento del capítulo III 

 

Recuerdo que estaba leyendo el cuarto capítulo del famoso libro de J.J. Benitez, El Caballo de Troya y me sentía feliz, por fin alguien daba una visión de Jesús de Nazaret que me gustaba más que la tradicional, no podía creer en religiones manipuladoras y castrantes de la moral y la conducta. Siempre pensé que cada individuo debía ser su propio templo, y el amor y la paz, la unión común entre todos los hombres. No encontraba justificación a las guerras genocidas, por muy santas o territoriales que fueran. Nadie debía matar a otro ser humano en nombre de Dios, pues menudo Dios era el que aceptaba la muerte, si no había una rendición incondicional del hombre ante su culto. 

Había dejado a un lado teorías racionalistas a través de las cuales intentaba demostrar que Dios era una ilusión y un invento para dar consuelo o limitar, un arma de manipulación en manos del poder; y estudiando distintos cultos y diferentes iglesias, había topado con algo que me inducía a buscar por otros lados, sentía que debía girar mis ojos y mi mente hacía mi interior, pero no sabía como hacerlo. 

Y esa mañana de verano, saliendo del Agente de Aduanas, preparando un envío de material para un país de Sudamérica me encontré con mi “Chamán”. 

Le acompañaba un amigo común a quien él había recurrido, la intuición a través de los sueños le ofrecían mi imagen, el país y la ciudad, pero ya no sabía por dónde buscar, y una vez más sus dotes le condujeron hasta mi amigo Juan, el Psicólogo. Él le conoció en una reunión en la que Tlahtoani, el Chamán, les hablaba de los poderes curativos de la mente y de la imposición de manos, Tlahtoani nada más verle le dijo que lo había soñado en repetidas ocasiones como puente para encontrar a un alma que sus ancestros deseaban localizar. 

Juan absolutamente impresionado por la pureza y la ingenuidad que desprendía ese buen hombre le ayudó en sus pesquisas. Esa bella mañana de verano me encontraron en plena calle Mallorca a la altura de la calle Lauria. Al verme el buen hombre cogió mis manos y las besó, yo reaccioné retirándolas despacio de entre las suyas, me sentía absolutamente abrumada. Juan me contó lo ocurrido unos días antes, y lo divertido que le había resultado mi cara de sorpresa. 

- ¿No decías que no volverías a creer en nada ni en nadie, si no aparecía un Maestro?, pues aquí lo tienes. No pidas pues se te puede dar.- Soltó una gran carcajada. 

No podía salir de mi asombro, les rogué que entráramos en alguna cafetería y habláramos como personas adultas y racionales. 

Ya sentados y frente a tres botellas de agua mineral pues con el calor no apetecía ningún refresco dulce, el que luego sería mi Maestro se explicó lentamente: 

- En mis sueños has aparecido más de cinco veces, consulté con el espíritu de la sabiduría y me dijo que debía buscarte pues tu hace ya mucho... -Reflexionó Tlahtoani- abriste algunos canales de energía sutiles en las antiguas moradas donde habitaban hermanos de piel oscura que construían pirámides, viajaste a templos Mayas y a la Selva y después lo dejaste todo por falta de perseverancia. Ahora esas energías te están dañando y yo debo ayudarte a devolverlas a su cauce, después tú decidirás si deseas seguir adelante o bien prefieres continuar ignorante, de espaldas a la verdad y a la luz que ya has visto. 

Creí comprender lo que me decía. Era cierto que últimamente tenía serios desajustes hormonales, había duplicado mi peso y mi entorno era ligeramente caótico. Dudé unos breves instantes, ¿por qué no?, hacía tiempo que no vivía ninguna aventura curiosa, me lancé a ello. 

-¿Qué proponéis que haga?. 

El indio cambio el rictus de la cara con un movimiento casi imperceptible, su rostro era inescrutable, pero por unos segundos se torno dulce, paternal. 

- No dudes de tu inteligencia ni por un momento. A partir de ahora debes hacer lo que te ordene sin cuestionar nada. Esta noche sólo debes tomar zumos de fruta y mañana te espero en la clínica del amigo Juan, mi voz me confirma que allí tiene bañeras de hidromasaje y una sauna. 

Asombrado mi amigo le respondió. 

- Sí, tengo bañeras y sauna. ¿A qué hora estaréis allí?. 

- Pronto, a las 6 de la mañana. Okey. 

- Si, por qué no.- Respondí yo atónita y algo intrigada ante la situación. 

Nos despedimos sin más, como tres amigos que han estado hablando del tiempo. No cené y me levanté a las cinco de la madrugada. Me duché, cogí un bañador y una toalla, me despedí de mi hijo que dormía en su cuna y de mi esposo. 

Cuando llegué, el Maestro ya estaba allí, Juan se retrasó, pidió disculpas muy apurado, pero era un hábito en él llegar tarde a todas partes, así que no le dijimos nada. 

Tlahtoani, entró en dirección a los baños. Se movía por el interior del centro de mi amigo como si lo conociera milímetro a milímetro, no abrió ni una puerta errónea, fue directo al lugar que él buscaba. Llenó una de las bañeras con agua templada y salió, autoritariamente ordenó a Juan que encendiera la sauna pues debía estar lista para después...En cambio se dirigió a mi con gran dulzura en la voz, me rogó que me desnudara y me sumergiera en el baño. 

Yo resuelta, salí de los vestidores cubierta con el bañador. Muy serio resopló, musitó algo mirando al cielo y con tono paciente me dijo que no debía cubrir mi cuerpo con tela, él era el Maestro y debía bautizarme como a un niño recién nacido, pues así debía encontrarme con las energías del Universo. Avergonzada, le pedí que saliera del baño, me desnudé y entré en el agua, cuando el volvió a entrar sentí que me moría de vergüenza, lo peor fue cuando comenzó a cantar unos salmos en un idioma que por aquel entonces yo desconocía. 

Cogió mi largo pelo sumergiéndome dentro del agua la cabeza y el cuerpo, mi mente voló, me aterroricé. Pensé que había caído en manos de un loco y que yo estaba todavía más loca por estar allí, decidí que cuando pudiera sacar la cabeza de debajo del agua, saldría corriendo. 

Tlahtoani siguió impasible apretando cada uno de los puntos corporales donde supuestamente se localizan nuestros centros energéticos, los hindúes les llaman chakras (las siete ruedas energéticas que contiene nuestro cuerpo físico y que de alguna manera nos unen al Universo). Si alguna de estas ruedas está sucia u obturada priva la libre circulación de la energía por nuestro cuerpo y enfermamos, porque perdemos el leve equilibrio que existe entre nuestro cuerpo físico y la energía del Universo. Pues bien, él estaba dispuesto a volverlos a alinear y que los dos puntos que el diagnosticaba como obstruidos latieran correctamente con el pulso del Cosmos. 

Me ahogó repetidas veces y manipuló mi cuerpo con fuerza, por fin después de preguntarme muchas veces "que hacía una chica como yo metida en esos líos", me tranquilicé y fue desapareciendo la vergüenza de mostrarme desnuda a sus ojos y a la vez que dejaba de ofrecer resistencia, una gran sensación de paz me embargó. Cuando terminaron sus oraciones y sus fuertes y dolorosas presiones, me pidió que me cubriera con la toalla y entráramos en la sauna. 

Esparció unas hierbas en el suelo, nos sentamos y me rogó que repitiera unas palabras que él iba pronunciando a lo largo de una canción que fue salmodiando para mí. La sensación de paz fue enorme, supongo que me sentía más segura tapada por la toalla, después me indicó que fuera visualizando distintos colores mientras seguíamos repitiendo los sonidos que me había enseñado y de nuevo experimenté lo que ya conocía como Viaje Astral. 

Mi cuerpo energético se desplazó dejando mi cuerpo físico en la sauna y mi otro yo, sumergido en espirales de colores, unas veces rojas, otras naranja, otras verdes, otras amarillas, otras azules, otras violetas y por fin doradas que poco a poco fueron sumándose unas encima de otras hasta convertirse en un blanco resplandeciente y etéreo.

Los cantos cesaron y como si me hubieran dado un fuerte mazazo, volvía a la realidad sintiendo la potente y desagradable succión del cuerpo físico sobre el energético; sin darme mucho tiempo a reaccionar, me sacó de la sauna, me hizo beber agua, y muy serio me reprendió. 

- No estas todavía preparada para la sagrada prueba, ahora ya he cumplido mi misión, tú debes decidir. Has de estar un tiempo sin que nadie te pase energía ni tu debes pasarla, tu nueva vibración ha de adaptarse a tu cuerpo físico antes de que puedas hacer experimentos nuevos o curar a nadie. 

- Yo no deseo curar a nadie y ahora no trabajo de Psicóloga, ni de parapsicóloga, ni de psíquica, lo dejé hace un tiempo. Le respondí muy seria y algo agobiada. Impasible Tlahtoani continuó con su retórica: 

- Pero ahora tu camino ya esta trazado y encontrarás a viejas amistades, recuerda no debes interferir o no habrá servido de nada esto. Tú y yo volveremos a encontrarnos por que tu espíritu te guiará hasta el camino. No importa los círculos que debas dar pero volverás al centro de la espiral. Pronto nos veremos, mi amor estará siempre contigo.

Me besó la mejilla, se dirigió a la puerta y se fue, Juan y yo alucinábamos. Pensé que era mejor olvidarlo, locos hay en todas partes y me daba vergüenza contar semejante tomadura de pelo. Pasó el tiempo, el justo. En Diciembre yo viajaba rumbo a Venezuela, a entrevistar a un Jefe indio de una tribu muy especial, los guardianes del espíritu de la Madre Tierra.....

© 2008 Helen Flix

 

 
HELEN FLIX
HELEN FLIX