Fragmento de Susana, historia de una obsesión
-Ya hemos llegado. Es en esta escalera. Es bonito el edificio, el ático de la victima es gaudiniano, debe valer el pisito unos novecientos mil euros de nada. Ciento cincuenta millones de los de antes. Matizó el policía.
Laura estaba ofuscada, no le contestó nada, les hizo un gesto con la mano indicándoles que ella les seguía.
En la portería de la finca estaban aún los Agentes Nacionales, los Mossos y un ayudante de los Juzgados, todo un popurrí de gente.
El portero muy desorientado repetía una y otra vez, - ¡Qué desgracia! , ¡Que horror!, ¡Era tan hermosa, tenía tanta clase!
Los dos saludaron a todo el mundo con gran naturalidad, era evidente que les conocían bien, pues no enseñaron la placa y si que bromearon con algunas de las personas que nos cruzamos antes de entrar en el ascensor.
Subimos al ático, la puerta estaba ajustada y un Mosso estaba custodiándola, les saludó. Todos la ignoraban, eso hizo sentir más relajada a Laura.
El recibidor de la casa era pequeño, tenía una estantería de madera noble con marcos de fotografías de una niña de cinco años, unas fotos en blanco y negro que debían ser de Beatriz de pequeña y un marco roto sin la fotografía que debía haber contenido.
Una puerta a la izquierda daba a un pequeño despacho de unos ocho metros cuadrados, con una mesa, un ordenador Appel de colorines y una recia estantería de Teka llena de libros y archivadores. A la derecha se veía el comedor, en el rincón que daba a la pared colindante con el despacho había un armario hecho a medida, que contenía toda la vajilla y cristalería, habían dejado semiabierta una puerta, supuso que la policía, pues todo estaba lleno de polvos de colores. Habían manchado todos los muebles buscando las huellas.
La mesa era ovalada de cristal con un pesado pie de mármol, debajo una alfombra de lana y seda china en azules y blancos.
Un gran ventanal de algo más de diez metros de cristal y madera daban salida a una terraza.
Entre la terraza y la zona de los sillones había algo dibujado en el suelo de parquet y una gran mancha. Se sobresaltó al observar la silueta de la mujer dibujada en el suelo.
-Me llamo Guillermo – le dijo el atractivo agente – Cuidado, no pise, aquí fue donde la encontraron los Mossos. Observe la postura de su cuerpo, es como si la hubieran golpeado por detrás, por la espalda cuando iba a llamarle, creemos que no llegó a marcar siquiera su número. Hemos pedido a telefónica un desglose de sus llamadas.
Laura titubeo, si era ella la de las llamadas molestas que pensarían. Creerían que les quería esconder algo, pero y si no lo era ....
El hombre prosiguió – La primera vez que yo contemplé la escena de un crimen vomité. Laura le sonrió, pero no se sintió con fuerzas para hablar, aquello era un asalto a la intimidad de aquella mujer.
Los dos sofás cerraban la sala alrededor de la chimenea. Había sido encendida, la policía había hurgado entre las cenizas. En la repisa de la chimenea había un gran buda con una vela a cada lado y un incensario japonés.
Se fijó que como adorno en la mesita había un arreglo floral japonés Zen, un ikebana de media luna. Unos libros bien amontonados sobre meditación y filosofía budista Zen, en inglés. Algo le llamó la atención entre los libros, un lomo que le recordó su anterior libro de Autoayuda sobre el tema de parejas.
-Guillermo, supongo que no debo tocar nada, pero puedo mirar ese libro de la mesita – La voz le sonó trémula y extraña a la propia Laura.
El agente mostró satisfacción al oír que ella lo llamaba por su nombre. Se colocó un guante y su compañero hizo una fotografía de donde él cogía el libro.
Se lo enseñó a Laura.
-El amor es un baile, apréndelo – leyó el titulo en voz alta – Anda, autora Laura Mestre, es tuyo este libro, bueno escrito por ti.-
Lo abrió para mirar si había alguna dedicatoria, nada.
Laura no dijo nada, siguió hacia la puerta que se abría a su derecha de frente a los sofás, desde fuera vio la cocina, ordenada, limpia, todo en aluminio incluso los armarios.
-No había basura, no cenó ni comió en casa porque acababa de llegar o alguien lo ha dejado todo limpio y ordenado – Le aclaró Guillermo.
Un pasillo que daba paso a dos puertas una a derecha e izquierda, la del lado de la cocina era el cuarto de plancha y el otro una habitación individual blanca y rosa, parecía que era el cuarto de una niña pequeña. Pero no había ropa en el armario y los marcos de fotografía estaban vacíos. -
Oiga Guillermo, aquí debe vivir una niña o al menos venir de vez en cuando, no hay cunita, hay cama pero los juguetes son de niña pequeña, debe tener entre cuatro y seis años, pero tampoco más, no hay consolas ni televisión con video o DVD.
Él observó la habitación y tomó nota de los comentarios de ella. Al final del pasillo el dormitorio principal con un enorme armario empotrado de puertas lacadas tipo japonés de más de seis cuerpos.
Al final del armario comenzaba el baño, el dormitorio era todo lo ancho que era la casa. Frente al armario una cama japonesa con tatami y futón de dos metros de ancho, una celosía aislaba la cama.
Entraron en el baño, tenía una bañera redonda, el bidet y el water quedaban separados del resto por unas puertas abatibles de cristal. Dos perchas detrás de la puerta, una azul vacía y la otra rosa con su albornoz.
En estanterías de cristal sus cosméticos de Chanel y la Prairie. Otro mueblecito de cristal con más de quince perfumes caros, pero un estante estaba vacío, al igual que en el armario cerrado, faltaban cosas en dos de los estantes. Era evidente que todo lo de su amante o pareja había desaparecido.
Guillermo le señaló los huecos – Es evidente que él se ha querido borrar – Laura se aventuró.
– Y si no hubiera un él. Y si ella dejaba los huecos vacíos como yo indico en mi libro.
-Es interesante, ¿huecos vacíos? –
Le preguntó el policía.
Más cómoda y relajada Laura se explicó. -Yo digo en mi libro, que muchas mujeres no logran pareja porque en realidad no le dejan espacio a nadie. Están tan cómodas con su vida que aunque hablan de querer tener pareja, en realidad no les dejan entrar en sus vidas, la tienen demasiado llena, demasiado ocupada. Así que sugiero que les hagan espacio a los posibles amores, en su armario, en el baño, en las zonas de ocio, para que este espacio también se realice en su interior y así alguien podrá entrar.
No podemos colocar nada nuevo en casa si no cabe, lo mismo nos ocurre con las personas. Y si ha seguido los consejos del libro, la foto que falta en el marco, era aposta, entonces seguro que en el armario también habrá un espacio vacío.
Los dos se dirigieron al ropero y comenzaron a abrir puertas
Laura dijo: – Igual que ha hecho espacio en el baño. Ve, aquí es donde hay el trozo de armario vacío. Aquí no hay ningún hombre, ni lo ha habido.
Guillermo le tendió la mano
– Gracias, esto jamás lo habríamos deducido ves, tu colaboración seguro que cambiará las pesquisas.
Laura también le tendió su mano diciendo:
– Pero no veo en que cambian las cosas. Desearía regresar a casa, los niños deben estar intranquilos.
Guillermo dejó a su compañero en el piso y él la acompañó a su casa. Al llegar le dio su tarjeta y le pidió que si recordaba cualquier cosa por insignificante que le pareciera que lo llamara a cualquier hora, pues cualquier tontería podía ser esencial. . |