El Otorongo

La luz del Sol me despertó, miré a mi alrededor sobresaltada, lo último que recordaba eran las visiones del ritual. 

No había ni rastro del grupo, estaba sola en el círculo, al levantarme observé que tampoco había movimiento en la cabaña. 

Asustada me dirigí al interior de la choza esperando verles dormir. Nadie. Me repetía una y otra vez que todo estaba bien que todo era una broma o una prueba, eso debía ser, una prueba de Galpi. 

Deduje que debía haberme quedado dormida observando mis visiones y que ahora me estaban poniendo a prueba. Así que decidí ducharme, cambiarme de ropa y desayunar. A medida que iba pasando el rato e iba cumpliendo con mis propósitos, la inquietud iba apoderándose de nuevo de mi corazón. 

Me asaltó la ansiedad desayunando. Respiré profundamente y me pregunté ¿Que se supone que debo hacer ahora? No hay señales del ataque de un animal, ni de lucha. Hay comida agua y los enseres personales de todos. Está claro que han ido a algún lugar del "Corazón verde", como llama a este lugar Galpi y que me han dejado descansar, así que no debo moverme de aquí, ya regresarán. 

Me acomodé y escribí en mi diario todo lo vivido, intentando ponerlo en orden para entenderlo mejor o al menos no olvidarlo pasado el tiempo. 

Unos ruidos de pasos, mezclados con unos desconocidos bufidos me alertaron, no sabía reconocerlos exactamente, pero algo en mi interior me indicó que eran de un Otorongo. Desde una de las ventanas le vi. Era un ejemplar adulto y estaba oliendo nuestro rastro. Me despojé de toda la ropa sin hacer movimientos bruscos, ni ruido, tal y como me habían explicado en los cursos de supervivencia. 

Intenté pensar con que podría defenderme si me atacaba. Salí de la cabaña buscando una escapatoria. Todo ocurrió rápidamente, el animal se posicionó defensivamente frente a mí. Me crispé y los dos danzamos reconociéndonos mutuamente. 

Me di cuenta del miedo que él sentía ante mí, no reconocía mi olor ya que sin la ropa, no olía a humano, ni me identificaba como presa ni como depredador. Mi corazón sintió un gran amor por el animal, admiré la belleza de su piel dorada con manchas marrones, lo esbelto y rápido que era en sus movimientos. Sus ojos impresionaban, intentaba penetrar en mí para saber lo que debía hacer. Yo bajé mi rostro a la altura del suyo mirándole a los ojos, hablándole dulcemente. 

-No me tengas miedo amiguito. Eres bello, eres hermoso, eres perfecto, eres vida. Guíame allá donde esta Galpi. 

El felino pareció entenderme, retrocedió dudando unos instantes y escogió dirigirse hacia un entrante en la espesura de la selva. Yo le seguí sin movimientos rápidos e intentando borrar toda señal de miedo o duda en mi. Varias veces se paró para comprobar que le seguía, miraba, corría y esperaba. Yo iba adentrándome en el Corazón verde tras de él. Desnuda, sin ropa interior solo con zapatillas, iba caminando tras el Otorongo sin hacerme un solo rasguño y sin ser molestada por los insectos, fui entendiendo que algo había cambiado en mí. El animal se paró, rugió un par de veces y entendí que se despedía, le dije adiós atreviéndome a tocarle la cola y el lomo. Rugió y salió corriendo, desapareciendo entre la maleza. 

Seguí el camino que me había indicado el Otorongo. Al instante oí risas y agua en movimiento. Ante mis ojos apareció el paraíso. Una hermosa caída de agua cristalina que se convertía en un pequeño lago que después era engullido por la tierra. Supuse que se transformaba en un río subterráneo, alrededor del lago había una intensa vegetación verde, altos árboles, orquídeas y flores que jamás antes había visto. Nick, Deonel, Galpi e Hilario estaban jugando en el lugar. Estuve un largo rato observándoles, intentando decidir si retrocedía al campamento o si a pesar de mi desnudez me incorporaba al grupo. 

Al fin me decidí a dirigirme al agua esperando no ser vista. Lo logré, entré en el agua. Si me agachaba, cubría todo mi cuerpo. La voz de Nick me sobresaltó. 

-Ten cuidado hay unos pececillos que disfrutan introduciéndose por los agujeros, lo malo es que al intentar salir, despliegan unas afiladas espinas que poseen en el lomo. 

-Muy gracioso, pero no puedo salir- Repliqué en tono irónico. 

-Si has entrado puedes salir. Venga sal que no es broma lo de los pececitos. 

Vino hacia mí tendiéndome la mano. Salí del agua muerta de vergüenza. -¿Y tu ropa?-

Preguntó sintiéndose tan avergonzado como yo. 

-En el campamento, es una locura, lo se, pero está allí. Se sacó su camiseta y me la dio, contemplándome entre avergonzado y divertido. 

Deonel riendo le dijo a Galpi: 

-El Otorongo la ha traído hasta aquí, así que es la machso. Ha ocurrido como tú esperabas. Je, je, está desnuda.

Sentía la naturaleza desbordarse en mi interior de forma salvaje. 

Los ojos de Nick me atraían de forma magnética, mi cuerpo se erizó, mis aletas nasales se dilataban movidas por el deseo. Nick fue embriagándose de mi pasión dejándose descontrolar. Nuestros cuerpos quedaron pegados, el calor exterior quedaba apagado por el volcán de nuestra sensualidad. 

Galpi con un gesto ordenó a los muchachos dejarnos solos en el lugar. 

Nick y yo borrachos de deseo nos olvidamos de ellos y nos fuimos dejando arrastrar por la sensualidad. Nick me besó como jamás había sido capaz de hacerlo, con deseo, con salvajismo, mientras mis manos acariciaban cada rincón de su piel, luchando por terminar de desnudarle. La fuerza del lugar nos volvió primitivos, haciéndonos experimentar el placer con una intensidad salvaje y ancestral. Sus labios recorriendo mi cuerpo sin pudor ni límites, dejándome invadir, tomando conciencia solo del deseo y así unidos los dos llegamos a la máxima expresión, al goce completo. Lo que convirtió el momento en mágico, divino y extático. 

Una vez consumido el fuego, los rescoldos de la hoguera hicieron que nos mantuviéramos abrazados largo rato, mirándonos a los ojos, amándonos con un sentimiento tan fuerte que los dos supimos que jamás olvidaríamos ese instante en nuestra vida, aunque esta discurriera por caminos diferentes. 

-Ahora se que te amo. No se cuanto tiempo estaremos juntos pero no me importa. Yo ahora se que tu necesitas un amor más maduro que ya esté de vuelta de cosas que yo aún no lo estoy. Necesitas a alguien que te de hijos y desee formar una pareja estable y yo aún tengo que aprender, viajar y quemar etapas hasta establecerme y tener hijos. Pero el tiempo que los dos seamos felices juntos será para mi un regalo que jamás podré olvidar. ¡Te quiero Nick! 

Él me abrazó, obligándome a callar. Me besó de nuevo haciendo renacer el deseo y encendiendo el fuego, consumiéndonos de nuevo en él. Cansados y profundamente compenetrados decidimos regresar al campamento. 

-Va a oscurecer pronto, creo que deberíamos regresar. Galpi ha tenido el buen gusto de dejarnos solos pero yo no recuerdo el camino ¿Y tu? Nick se sintió desconcertado, nuestra locura amatoria nos hacía responsables de haber perdido a nuestros guías. 

Le dije muy seria: 

-Creo que tendríamos que esperar a un Otorongo hambriento para seguirlo. 

No pude contener las carcajadas al ver la cara de miedo de él. 

Le cogí de la mano dispuesta a guiarle de regreso. 

-Sígueme, recuerdo el camino. Solo hay que conectar nuestro corazón con el del lugar y regresaremos al campamento. 

-Bien, seguiremos al corazón, pero recuerdas el camino ¿Verdad?- Preguntó Nick algo angustiado. 

-Si mi corazón, sígueme y calla.

© 2008 Helen Flix

 

 
HELEN FLIX
HELEN FLIX