Mi Amigo Galpi 

 

No podía creer que estuviera realizando este viaje. Iba sentada en uno de los vagones del tren para turistas que va de Cuzco a Aguas Calientes. 

Totalmente sola, como la tradición exigía o al menos como me había enseñado la tradición del "Viejo Galpi", mi querido maestro amazónico. 

Me sentía incómoda, había recorrido muchos kilómetros desde Barcelona, primero hasta Lima, de allí a la selva, para reunirme con él antes de su muerte y ahora de Pucallpa a Lima y de Lima a Cuzco, con parte de sus cenizas para entregárselas a la "Montaña Joven" al Waina-picchu. 

Me quedaban más de dos horas de viaje, en tren, después tendría que tomar el autobús que me llevaría a Machu-picchu y caminar por la escalada montaña del Waina-Picchu, pero y después que, ¿que ocurriría en nuestras vidas?. Nos quedábamos todos sin nuestro fiel y querido amigo, sin nuestro maestro. 

El tren traqueteaba impenitentemente y yo temía que la mochila se cayera del estante y se rompiera la vasija de barro que contenía una parte de las cenizas de Galpi. 

Miraba por la ventana aquellos paisajes tan familiares, pero jamás un viaje al Machu-picchu, había sido tan triste y solitario. 

Las lágrimas rodaron por mis mejillas, era una extraña pena, mezcla de alegría por el alma que partía, ya que lo había hecho tal y como él deseaba, y en su momento. Pero sentía pena por mi. Ya no podría recibir de él sus silencios llenos de respuestas. Ya no podría disfrutar más de sus cálidos abrazos. 

¿Cuantos años hacía que le conocía? Intenté esforzarme por recordar y me encontré buceando en los recuerdos de mi infancia.

© 2008 Helen Flix

 

 
HELEN FLIX
HELEN FLIX